El 8M reflejará por quinto año consecutivo la fractura del movimiento feminista con la convocatoria separada de las marchas, aunque se mantienen las exigencias comunes: la igualdad real entre hombres y mujeres y la erradicación de la violencia de género.
Durante este lustro, la consolidación de las reivindicaciones separadas de las distintas corrientes del feminismo ha estado marcada por la discordia en torno a tres cuestiones principales: la ley trans, la gestación subrogada y la abolición de la prostitución.
En paralelo, la sociedad española muestra un amplio respaldo a la igualdad y al feminismo, aunque se resiente al mismo tiempo que crece el debate sobre el alcance de las políticas de igualdad, especialmente entre los más jóvenes.
En España y otros países, el 8 de marzo de 2020 hubo gran polémica por la celebración de unas multitudinarias marchas pocos días antes de que la OMS declarara la pandemia por la covid-19. Al año siguiente, la pandemia marca un Día de la Mujer sin grandes manifestaciones y con eventos virtuales.
La primera escisión visible, la ley trans y el ‘solo sí es sí’
En 2022, el feminismo caminó por separado por primera vez en la historia. Uno de los puntos de desacuerdo era la autodeterminación de género que recogía el anteproyecto de la ley trans y la prostitución.
De esta manera, el Movimiento Feminista de Madrid convocó una manifestación alternativa bajo el lema “El feminismo es abolicionista” para diferenciarse de la marcha tradicional organizada por la Comisión 8M.
Al año siguiente, en 2023, las organizaciones feministas volvieron a salir a la calle divididas por las leyes trans y la de la libertad sexual, conocida como la del ‘solo sí es sí’.
La aplicación de esta última norma provocó revisiones de condenas, mucha polémica política y peticiones de dimisión de la entonces ministra de Igualdad, Irene Montero.
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