El fuego cruzado entre Donald Trump y Gustavo Petro convirtió la relación entre Estados Unidos y Colombia en un campo minado de acusaciones, tensiones políticas y maniobras diplomáticas. La última ofensiva verbal del mandatario estadounidense –que tildó a Petro de “matón” y lo vinculó con el narcotráfico– marca un punto de quiebre en la relación bilateral.
Desde el Despacho Oval, Trump lanzó un ataque directo, asegurando que el líder colombiano es un “narcotraficante con poder político” y que “Colombia necesita un cambio real, no un gobierno aliado de los carteles”. Sus palabras no cayeron bien en Bogotá. Petro respondió con el anuncio de una demanda al Presidente estadounidense ante tribunales de ese país por calumnias y difamación, en un gesto inédito en la historia reciente de la diplomacia latinoamericana.
El intercambio de ataques ocurre en un contexto explosivo: el Departamento de Defensa de EEUU confirmó un ataque armado contra una segunda lancha en aguas del Pacífico oriental, menos de 24 horas después del primero, mientras el Pentágono refuerza su presencia militar en el Caribe. Este hecho avivó los temores de una escalada regional.
Petro calificó los ataques de fuerzas militares estadounidenses a lanchas en el Caribe y el Pacífico como “ejecuciones extrajudiciales”.
Según el mandatario colombiano, su gobierno “ha sido el más eficaz en la historia mundial en la incautación de cocaína”, mostrando cifras que –según él– prueban una reducción drástica del crecimiento de cultivos ilícitos, del 43% en 2021-2022 al 3% en 2023-2024. “Este tipo de maniobras (bombardeos a lanchas) rompe el derecho internacional. Estados Unidos en estas acciones está cometiendo ejecuciones extrajudiciales”, dijo Petro en rueda de prensa con medios internacionales.
