El joven economista Santiago Peña juró como Presidente de Paraguay con la aspiración de convertir a su país en “protagonista en el concierto de las naciones”, mientras que Bolivia, a través de su par, Luis Arce, le planteó una reunión bilateral para ser partícipe de un corredor integrador.
Con una imagen de tecnócrata y una sólida experiencia pública como economista, Peña se convirtió este martes en el nuevo mandatario paraguayo, cobijado por el Partido Colorado, que gobernó su país de manera casi ininterrumpida durante los últimos 71 años.
Con 44 años de edad y una carrera profesional ascendente, juró como gobernante para el periodo 2023-2028, después del quinquenio del también colorado Mario Abdo Benítez.
Vinculado en su juventud a las filas del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), el nuevo Jefe de Estado se sumó en 2016 al oficialismo respaldado por el entonces presidente Horacio Cartes (2013-2018), considerado su mentor político.
Peña, entonces ministro de Hacienda de Cartes, encaró en el Partido Colorado su primer fogueo en la política, cuando inscribió en 2017 su precandidatura presidencial para las internas de ese año.
DESAFÍO
En su discurso, llamó a generar consensos y manifestó su aspiración de convertir a su país en “protagonista en el concierto de las naciones”, por cuenta de su acceso al agua, su seguridad alimentaria y suficiencia energética.
“Hoy asumo con honor la responsabilidad de servirlos como su mandatario. Me dirijo a ustedes con humildad y determinación, y me comprometo a sostener y consolidar las competencias necesarias para gobernar con éxito”, dijo Peña.
Expresó en idioma guaraní un “gracias, desde el alma” a quienes seguían su juramentación y anticipó que ejercerá un “liderazgo firme y ético”. También se dijo determinado a que Paraguay vuelva a ser “una gran nación”.
