El príncipe Enrique, que acudió ayer, sábado, sin su esposa Meghan a la coronación de su padre, Carlos III, permaneció en un segundo plano durante la ceremonia solemne en la Abadía de Westminster, y quedó excluido del posterior saludo familiar desde el balcón del palacio de Buckingham.
El protocolo ubicó al príncipe, de 38 años, en la tercera fila durante la ceremonia, dos por detrás de su hermano, el príncipe Guillermo, heredero al trono, y también más atrás de la segunda fila que ocupó durante el funeral de Isabel II, en septiembre.
