Asistentes al funeral de Tyre Nichols, el afroestadounidense fallecido tras una brutal golpiza policial, condenaron la violencia institucional que segó la vida de “una buena persona (...) que se fue demasiado pronto”.
Luego de haber abrazado a la madre de Nichols durante un largo rato en la iglesia de Memphis, donde tuvo lugar el homenaje, la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, fustigó a los agentes negros que lo golpearon mientras gritaba y pedía ayuda.
“¿No tenía derecho a estar seguro?”, cuestionó la vicepresidenta. “Aquí está una familia que perdió a su hijo y su hermano en un acto violento” perpetrado por “personas encargadas de protegerlo”, y “este acto violento no buscaba garantizar la seguridad pública”, afirmó.
Nichols, de 29 años, fue arrestado el 7 de enero por una unidad especial de Policía llamada Scorpion, que le atribuyó una falta de tránsito.
