Rusia hizo oídos sordos a los llamamientos de Occidente para que frene la ofensiva militar del Ejército sirio en la provincia de Idlib y, pese al agravamiento de la situación y las cada vez mayores tensiones con Turquía, continuó defendiendo y apoyando sin miramientos las acciones del régimen de Bachar al Asad.
La ONU y las potencias occidentales del Consejo de Seguridad, la Unión Europea y la OTAN, todos aumentaron en las últimas horas la presión sobre Siria y Rusia para que detengan su avance en Idlib, último bastión opositor y donde los combates desplazaron a más de 900 mil personas desde diciembre, según Naciones Unidas.
Pero Rusia se mantiene fiel a Damasco y dirigió ayer de nuevo los dardos contra Turquía, que perdió el jueves a 33 soldados en un bombardeo sirio en Idlib, elevando así la cifra de militares turcos fallecidos en Siria este mes a 54.
