Los chilenos volvieron a copar el centro de Santiago ayer, cuando se cumplió cuatro semanas del estallido social, impasibles ante el acuerdo por una nueva Constitución alcanzado por el Gobierno y la oposición, que sí logró una respuesta optimista en el mercado cambiario y la bolsa.
Pese a que a primera hora de la tarde la Plaza Italia de la capital chilena, habitual punto de encuentro de las concentraciones, estaba desolada y todo parecía indicar que el acuerdo alcanzado en la madrugada por los parlamentarios desactivaría las protestas, decenas de miles de ciudadanos acabaron llegando al lugar.
La movilización transcurrió en un ambiente mayormente pacífico y festivo, con cánticos, música y bailes, y sólo al comienzo hubo algunos conatos de enfrentamientos con la Policía. "Hasta que caiga el Gobierno", se podía leer en una de las pancartas, en una muestra de descontento con la Administración que preside Sebastián Piñera.
"Piñera, concha de tu madre, asesino igual que Pinochet", cantaba otro grupo de manifestantes, que tiene presente las denuncias interpuestas contra agentes del Estado por la presunta violación de derechos humanos al reprimir las manifestaciones.
Redactar una nueva Constitución en democracia que sustituya a la actual, aprobada en 1980 en plena dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), es uno de los grandes reclamos de los chilenos que desde el pasado 18 de octubre protagonizan un estallido social sin precedentes.
Sin embargo, durante este tiempo, a las peticiones mayoritarias por mejores modelos de pensiones, salud o educación se han ido sumando las de muy distintos gremios, desde los transportistas a los profesores, y el mero acuerdo para llamar a un plebiscito e iniciar un proceso constituyente no parece haber sido suficiente para sofocar la protesta de inmediato.
A ello se sumaría la desconfianza de parte de la población en la clase política y la denuncia de que a este pacto se haya llegado sin contar con una participación ciudadana directa.
