Cientos de miles de personas se echaron ayer a la calle para demostrar su rechazo al presidente de Chile, Sebastián Piñera, y dejar patente que la batería de reformas sociales que anunció en la víspera para apaciguar los ánimos no hizo sino avivar el descontento popular.
Si el objetivo de las protestas, que cumplieron ayer seis jornadas y dejaron ya al menos 18 fallecidos, entre ellos un menor y cuatro ciudadanos extranjeros, era mostrar el enojo por las desigualdades sociales, ahora apunta cada vez más directamente contra el mandatario chileno.
Ni pedir perdón por una falta de mira hacia los problemas ciudadanos, ni anunciar mejoras en las pensiones, los salarios y el precio de los medicamentos le sirve de momento a Piñera para convencer a estas alturas a una población cansada de promesas y huérfana de resultados.
Un hartazgo que se expresó con fuerza en la primera jornada de huelga general convocada para ayer y que fue secundada de forma masiva desde que se levantaron los numerosos toques de queda que rigieron en la pasada noche, como en otras anteriores, en ciudades, provincias y regiones enteras desde la frontera con Perú hasta el Cabo de Hornos.
