El caso del expresidente peruano Alan García, quien se suicidó en abril para evitar ser detenido por sus presuntos vínculos con Odebrecht, volvió ayer al primer plano tras la declaración de su exsecretario Luis Nava de que aquel recibió dinero de la empresa en maletines y loncheras.
Además de devolver a la actualidad una vieja polémica sobre la presunta implicación del exgobernante en casos de corrupción, la confesión de Nava le permitió obtener rápidamente el cambio de su situación legal de prisión efectiva a arresto domiciliario y motivó el anuncio de acciones legales de los hijos de García.
Nava se acogió a la colaboración eficaz (confesión sincera) en la investigación que se le sigue por presuntamente haber recibido 4 millones de dólares de Odebrecht, y afirmó que el exmandatario recibió dinero de Odebrecht desde 2006, tanto durante su campaña electoral como cuando ya era presidente.
