El Gobierno colombiano mantuvo ayer la prudencia ante las maniobras militares que comenzó Venezuela en la región fronteriza y la incógnita que se abre acerca de la política exterior estadounidense tras el despido que hizo Donald Trump de su asesor de Seguridad Nacional, John Bolton.
Frente al despliegue militar en la zona de frontera que comenzó por orden del mandatario venezolano, Nicolás Maduro, la ciudad colombiana de Cúcuta que alberga el principal paso fronterizo entre los dos países permaneció en calma.
La calma se reprodujo en los principales puentes fronterizos que conectan Colombia con las ciudades venezolanas de Ureña y San Antonio, ambas en el estado Táchira, que no vieron alterada su cotidianidad.
Eso sí, el tránsito se limitó al paso de peatones y durante un periodo de 14 horas, dos medidas en vigor desde hace años y tomadas por orden de Maduro.
El comercio, principal motor de la economía cucuteña, permaneció activo como cualquier día a pesar del incremento de la tensión verbal y de los ataques de Maduro.
La respuesta oficial del Gobierno colombiano llegó por boca de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, quien afirmó que su país no caerá en la provocación que considera que hace Maduro.
