Bahamas, que se sigue recuperando de la devastación de Dorian que a su paso dejó al menos siete muertos, y Estados Unidos, por cuya costa sureste avanza el ciclón, siguen enfrentando de diferente forma al huracán que, ahora con categoría 2, causó temor y dolor en el Atlántico.
En el archipiélago caribeño, los equipos de rescate, ya apoyados por ayuda internacional, se movilizaron para asistir a los miles de afectados en el noroeste del país, principalmente en las Islas Ábaco y Gran Bahama, las más afectadas.
Unas áreas adonde la ayuda llega de forma lenta, situación que en buena medida provocó actos de vandalismo por parte de personas que tratan de acaparar alimentos y agua embotellada, según denunciaron medios locales.
Por eso será de vital importancia que la actuación que viene realizando desde el lunes la Guardia Costera de Estados Unidos se vea reforzada en las próximas horas por países como Guyana y Jamaica y por la labor que ya realizan organismos como la Agencia de Manejo de Emergencias para Desastres del Caribe, con sede en Barbados.
De acuerdo con los primeros informes oficiales, la devastación no tiene precedentes, con destrucción de casas, negocios y edificios que quedaron arrasados total o parcialmente, por lo que el Gobierno anunció que se necesita urgentemente bombas de agua, generadores de energía, y equipos de higiene.
