Las protestas populares en Argelia cumplen hoy dos meses en medio de un paréntesis político y una agresiva y mediática campaña contra la corrupción con la que según la oposición el antiguo régimen trata de desviar la atención y desligarse del dimitido presidente Abdelaziz Bouteflika, al que apoyó.
Como cada viernes desde el pasado 22 de febrero, se espera que miles de argelinos procedentes de todos los rincones de la capital y de las localidades vecinas converjan en el centro de Argel para exigir una genuina transición y la caída de todo el régimen que ha parasitado en torno al enfermo mandatario.
Reclaman una verdadera reforma dirigida por "hombres íntegros" que genere un "cambio radical" y en la que no caben, según los manifestantes, ni el presidente del Senado, Abdelkader Bensalah, el jefe de Estado interino, ni el exministro de Interior y actual líder del Gobierno, Nouredin Bedaui.
