Los combatientes del grupo yihadista Estado Islámico (EI) que resisten en su último bastión en el este de Siria quedaron ayer acorralados en una estrecha franja de terreno a orillas del río Éufrates, cerca de la frontera de Irak.
Los yihadistas se replegaron con centenares de vehículos a esa zona, de menos de un kilómetro de largo, por el empuje de las Fuerzas de Siria Democrática (FSD), la amalgama de milicias kurdas y árabes que combaten al EI con el respaldo de la coalición internacional liderada por Estados Unidos.
Este martes las FSD lograron hacerse con el control del campamento de Al Baguz donde los yihadistas se habían atrincherado en las últimas semanas, tras duros combates y con el respaldo de bombardeos de los aviones de la alianza capitaneada por Washington.
Al Baguz es la última localidad del "califato" proclamado por el EI en 2014 en sus dominios, que se extendían por 54.000 kilómetros cuadrados, desde el noroeste de Siria hasta los alrededores de Bagdad.
Al anunciar el último avance de las tropas kurdas y árabes, el portavoz de las FSD, Mustafa Bali, se vio obligado a aclarar que todavía no se puede cantar victoria porque los últimos yihadistas aún presentan resistencia.
"Esto no es un anuncio de la victoria, aunque sí un progreso significativo", dijo Bali en un mensaje en Twitter. En declaraciones a EFE, Bali aseguró que los combates continuarán hasta que las FSD logren "sacar a todos los hombres de sus agujeros", en alusión a la red de túneles y trincheras que ha servido de refugio en las últimas semanas a miles de personas, tanto combatientes del EI como sus familiares, mujeres y niños principalmente.
Para ilustrar su progreso sobre el terrero en los últimos días, el responsable kurdo publicó una serie de mapas en los que se acota el territorio menguante del "califato", ahora reducido a unos pocos centenares de metros cuadrados.
