El fuerte viento que sopla en California, Estados Unidos, dificulta las tareas de contención por parte de los bomberos y atiza los dos grandes fuegos que queman en el estado desde el jueves, que ya se han cobrado la vida de, por lo menos, 31 personas y donde otras 228 siguen desaparecidas.
Tras la tregua del fin de semana, en que unas condiciones meteorológicas más favorables permitieron a los bomberos avances significativos en la lucha contra los incendios, fuertes y secos vientos provenientes del interior volvieron a soplar con fuerza ayer lunes.
En varios puntos del estado se registraron ayer rachas de hasta 70 km por hora, que contribuyeron a expandir el fuego bautizado como "Woolsey Fire", cerca de Los Ángeles, hasta las 37.000 hectáreas con respecto a las 33.600 de la última hora del domingo 11.
El "Camp Fire", que quema en el norte del estado (y ya es considerado el más devastador jamás registrado en California al haber arrasado una ciudad entera y más de 6.700 edificios) quemó 46.000 hectáreas, según datos del Departamento Forestal y de Protección contra Incendios del estado, Calfire.
