Las campañas electorales en Brasil entran en la fase final con la radicalización de los discrusos de los candidatos. El ultraderechista Jair Bolsonaro, claro favorito para las elecciones del domingo 28 en Brasil, se valió ayer de la prisión de Luiz Inácio Lula da Silva para agredir al progresista Fernando Haddad, quien volvió a alertar sobre el "odio" que encarna su adversario.
Ambos candidatos, que disputarán la segunda vuelta electoral, quemaron ayer sus últimos cartuchos en la televisión, uno de los principales medios para la propaganda política en el país, y lo hicieron con el mismo tono encendido que ha dominado sus campañas.
Bolsonaro atacó por el flanco de la corrupción, uno de los más incómodos para el Partido de los Trabajadores (PT), cuyo principal referente es el exmandatario Lula, en la cárcel desde abril pasado y quien fue sustituido como candidato presidencial por Haddad. "La corrupción es una plaga que saca la comida de la mesa, que saca a los niños de la escuela" e impide el desarrollo de un país, afirmó un locutor en el espacio de Bolsonaro, en el cual se reiteró que Haddad "fue a la cárcel a pedir la bendición de Lula" para ser candidato.
El líder de la ultraderecha y capitán de la reserva del Ejército volvió a ofrecerse como un político "limpio" ante la justicia y como un candidato "antisistema", pese a que desde hace casi tres décadas ocupa un escaño en la Cámara de Diputados.
"Soy una amenaza para los corruptos", declaró Bolsanaro en su último espacio de propaganda por televisión, en el que se presentaron videos con confesiones sobre prácticas corruptas que algunos líderes del Partido de los Trabajadores (PT) prestaron ante la justicia. El candidato progresista, por su parte, insistió en que apoyar al candidato de la ultraderecha supondrá favorecer "el odio y la violencia" en Brasil.
