La muerte de tres personas en las zonas anglófonas independentistas del país y las acusaciones de fraude por parte de los candidatos opositores marcaron ayer las elecciones de Camerún, en las que el actual presidente, Paul Biya, parte como favorito para conseguir un séptimo mandato.
En la zona sudoeste, en la localidad de Buea, al menos dos supuestos miembros del grupo insurgente Fuerzas de Defensa de la Ambazonia fueron abatidos por los agentes de seguridad. También en el noroeste anglófono se dieron incidentes violentos pese al fuerte despliegue de seguridad organizado por el Gobierno.
Estos se concentraron sobre todo en el municipio de Bamenda, donde fuentes locales confirmaron a EFE varios tiroteos entre militares y hombres armados. El ministro camerunés de Comunicación, Issa Tchiroma Bakary, ha confirmado que ha habido, al menos, un muerto en esa zona.
Además, en esa misma localidad, un grupo de periodistas sufrió un ataque durante el día y anoche la residencia del ex primer ministro Simon Achidi Achu fue incendiada.
En el municipio de Bafut, también del noroeste anglófono, agentes de seguridad y militantes secesionistas mantuvieron otro tiroteo cuando estos últimos intentaban incendiar un colegio electoral.
El clima de violencia, espoleado durante la campaña por amenazas de los grupos armados que aseguraban que harían todo lo posible por impedir la elección en su territorio, se tradujo en una muy baja participación en las zonas anglófonas, que concentran al 20 % de la población de Camerún.
Este conflicto viene recrudeciéndose sobre todo desde finales de 2017, con tintes de rebelión armada y choca con una postura muy rígida por parte del Gobierno de Yaundé frente a las reclamaciones independentistas. En el resto de regiones, la jornada electoral transcurrió con tranquilidad.
Biya, de 85 años y ganador en 2011 con casi el 80 % de los apoyos, partía como favorito para mantenerse en la jefatura del Estado, a la que accedió en 1982.
