RABAT. El Gobierno marroquí anunció ayer por sorpresa la ruptura diplomática con Irán, un país con el que tuvo relaciones muy complicadas desde la fundación de la República Islámica en 1979.
El detonante fue cuando menos inesperado: según el ministro de Exteriores, Naser Burita, su Gobierno tiene pruebas de la implicación del Ejecutivo de Irán, a través de su aliado, el movimiento chií Hizbulá, en el entrenamiento, financiación y armamento del Frente Polisario.
