El presidente estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, destacaron ayer la buena salud de su alianza y su cooperación contra Irán, en una reunión a la que el veterano político israelí acudió acechado por varios escándalos de corrupción que amenazan su cargo.
La Casa Blanca, que suele organizar conferencias de prensa cuando Trump recibe visitas de aliados importantes, se limitó esta vez a programar, a última hora, una breve interacción con periodistas en el Despacho Oval, en un aparente intento de esquivar las preguntas sobre las acusaciones de corrupción contra Netanyahu.
La estrategia tuvo éxito, y ambos líderes pudieron centrarse en proyectar unidad respecto a la reciente decisión de Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel y trasladar allí la embajada estadounidense, que actualmente están en Tel Aviv.
