El Gobierno iraní se centró ayer en el reparto de ayuda a los damnificados por el terremoto del domingo 12, que causó 530 muertos y más de 7.800 heridos, en medio del descontento de los afectados por su desoladora situación.
Al lugar de la tragedia, la provincia occidental de Kermanshah, acudió en ayer martes el presidente iraní, Hasan Rohaní, para supervisar de cerca las labores de socorro y visitar a los heridos.
Rohaní aseguró que el Gobierno hará todo lo posible para brindar asistencia en cuanto a medicamentos y productos de primera necesidad, así como alojamiento a los damnificados.
"Trataremos de reparar los daños causados por el desastre en el menor tiempo posible", dijo el presidente, quien también prometió préstamos a las personas que deben reconstruir sus hogares. Varias poblaciones de Kermanshah, y en particular Sarpul Zahab, han quedado destruidas por el seísmo de 7,3 grados en la escala de Richter del domingo por la noche, dejando en la calle a decenas de miles de personas.
La situación sigue siendo crítica para los habitantes de las 30.000 viviendas destruidas o dañadas, que se preparan para pasar una tercera noche en tiendas improvisadas en los parques o en campamentos y edificios gubernamentales habilitados por las autoridades. La Fundación de Vivienda de la Revolución Islámica será la encargada del proceso de reconstrucción, mientras que la Media Luna Roja, el Ejército y los Guardianes de la Revolución, entre otros, se dedican al reparto de tiendas de campaña, mantas y alimentos.
