Los últimos relevos en el partido único norcoreano, que ayer celebró su 72 aniversario, muestran el deseo del líder, Kim Jong-un, de fortalecer su entorno cercano y de perpetuar la sucesión familiar con la concesión de un nuevo cargo para su hermana.
El aniversario de la fundación del Partido de los Trabajadores es uno de los cuatro grandes festivos anuales y ayer Pionyang fue testigo de las tradicionales peregrinaciones hasta la colina de Mansu para depositar flores ante las efigies de los desaparecidos Kim Jong-il, que lideró el país hasta 2011, y su padre, Kim Il-sung.
A su vez el principal rotativo estatal, el Rodong Sinmun, además de ensalzar la figura de los tres líderes de la dinastía Kim, exhortó a "acelerar la victoria en la guerra antiamericana" en un momento marcado por la aguda tirantez con Estados Unidos.
Los fastos de ayer han venido acompañado por un importante plenario del Partido y un acto público que pueden arrojar claves sobre el rumbo e intenciones del hermético país, enzarzado en una escalada dialéctica con Washington que ha elevado la tensión a niveles inéditos desde el final de la Guerra de Corea (1950-1953).
