Más de 2.000 efectivos continuaban ayer luchando contra el incendio que arrasa el centro de Portugal desde el sábado 17, dejando a su paso, al menos, 64 muertos y un paisaje desolador en un país impactado ante la magnitud de la tragedia.
El fuego, que arrancó el sábado 17 por la tarde en el municipio de Pedrógão Grande, en el distrito de Leiria, se ha extendido también a los de Castelo Branco y Coimbra, y mantiene cuatro frentes activos.
El número de víctimas mortales ha subido a 64 con la muerte, ayer, de un bombero que permanecía ingresado en estado muy grave. Según el último dato oficial ofrecido por la ministra de Administración Interna, Constança Urbano, el incendio deja otros 62 heridos, varios de ellos de gravedad.
Los efectivos terrestres todavía no han conseguido acceder a algunas aldeas cercadas por el fuego y la baja visibilidad ha dificultado el trabajo de los medios aéreos, especialmente en las primeras horas del día, en una zona en la que las temperaturas rondan los 38 grados, con viento de moderado a fuerte.
"Es necesario llegar a todo el territorio para ver si hay más víctimas en las pequeñas aldeas", repartidas por la Sierra de Lousã y la cuenca del río Zezere, dijo a EFE Rui Rocha, alcalde de la localidad de Ansião, una de las afectadas por las llamas.
La versión que manejan las autoridades lusas apunta a que el fuego se inició por el impacto de un rayo en un árbol seco en la tarde del sábado, con temperaturas de 40 grados y fuertes vientos que ayudaron a propagar las llamas. A pesar de que los portugueses están acostumbrados a sufrir numerosos incendios cada verano -es el país de la Unión Europea más afectado por las llamas en este siglo-, la magnitud de esta tragedia les mantiene impactados.
