La izquierda brasileña salió ayer a las calles para pedir la renuncia del presidente Michel Temer, quien continúa en busca de apoyo político para mantenerse vivo en el poder después del escándalo de corrupción que le salpica directamente.
Los movimientos Brasil Popular y Povo Sem Medo (Pueblo Sin Miedo), así como diversos sindicatos, convocaron a los brasileños para ejercer presión sobre el presidente, quien se encuentra acorralado por las acusaciones realizadas por uno de los dueños de la empresa cárnica JBS.
Las manifestaciones tuvieron lugar en ciudades de al menos 15 de los 27 estados brasileños, aunque la asistencia de participantes fue menor que en otras marchas, incluido en San Pablo, donde la intensa lluvia disminuyó la afluencia de personas y llenó la protesta de paraguas y chubasqueros.
En Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais, tuvo lugar una de las marchas más concurridas, ya que, según los organizadores, se concentraron entre 30.000 y 50.000 personas, aunque los cálculos de la Policía, que no fueron divulgados, siempre son menores.
En Río de Janeiro un reducido grupo marchó hasta la casa de Rodrigo Maia, presidente de la Cámara de los Diputados, y quien en función de su cargo tiene la potestad de aceptar o rechazar los pedidos de juicio político contra Temer.
