La sexta ronda de las negociaciones de paz entre el Gobierno y la oposición siria comenzó ayer en medio de la polémica por la presunta existencia de un crematorio instalado por el régimen de Damasco para deshacerse de presos ejecutados en la cárcel de Saidanaya.
Las dos delegaciones; la encabezada por el jefe de la opositora Comisión Suprema para las Negociaciones (CSN), Naser Hariri, y la que preside el embajador de Siria en la ONU, Bashar Yafari, no se pronunciaron sobre la denuncia estadounidense relativa a la existencia del crematorio. Tampoco lo hizo el enviado especial de la ONU para Siria, Staffan De Mistura, quien había pedido a las partes no hacer declaraciones en la sede europea del organismo.
El mediador de la ONU considera que las partes enfrentadas deben dar prioridad al diálogo dentro de la ONU y no enfrascarse como ha sido el caso en anteriores rondas en declaraciones cruzadas y acusaciones mutuas.
En Damasco, el Gobierno sirio negó las acusaciones del Departamento de Estado de Estados Unidos, que el lunes presentó supuestas pruebas fotográficas del crematorio junto a Saidnaya, al norte de la capital, y donde se pudieron incinerar cuerpos de los reos para ocultar ejecuciones masivas.
La portavoz de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, Ravina Shamdasani, afirmó que el organismo tiene pruebas "claras" de graves abusos de derechos humanos en prisiones en Siria, entre ellas en Saidnaya, como torturas, otros malos tratos, la denegación de comida y medicina y de atención médica.
Sobre el presunto crematorio dijo no estar "en posición de confirmar si existe o cuál es la situación", pero afirmó que "claramente hay informaciones muy fuertes de que ha habido violaciones y que presos están muriendo". En cualquier caso, De Mistura está decidido a no dejar que las negociaciones descarrilen por comentarios de una y otra parte, aunque ha admitido la víspera del inicio de la sexta ronda que lo que pasa sobre el terreno ciertamente afecta al diálogo.
