EE.UU. detonó ayer por primera vez en un conflicto la mayor bomba no-nuclear, la llamada "Madre de todas las bombas", para destruir un complejo de túneles del Estado Islámico (EI) en Afganistán, con lo que mandó también un mensaje de fuerza al grupo yihadista.
El bombardeo con la GBU-43, un gigantesco proyectil de 10 toneladas que mata con una imponente onda de presión aérea, fue detonado ayer en el distrito de Achin, provincia oriental de Nangarhar. El presidente estadounidense, Donald Trump, aseguró que dio "total autorización" a las Fuerzas Armadas para que utilizaran la "Madre de todas las bombas" contra el EI.
Trump, que comentó el bombardeo brevemente tras una reunión en la Casa Blanca con jefes de bomberos, no entró en detalles y tampoco explicó si esa acción manda un mensaje a países como Corea del Norte.
"No sé si manda o no un mensaje (a Corea del Norte). Corea del Norte es un problema y nos ocuparemos de él", aseveró el presidente norteamericano, en alusión al polémico programa nuclear norcoreano que Washington rechaza de plano.
El portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, informó ayer que el objetivo era acabar con un "sistema de túneles y cuevas" del EI en Afganistán que "les permitía moverse con libertad y atacar con más facilidad a los asesores (militares) estadounidenses y las fuerzas afganas".
El proyectil, el mayor disponible en el arsenal estadounidense (mide más de nueve metros de largo y tiene un diámetro de algo más de un metro), fue transportado por un avión Hércules MC-130, liberando un poder de destrucción equivalente a 11 toneladas de TNT.
