El Gobierno sirio y la oposición, rivales en un conflicto armado que ha cumplido seis años, acudieron ayer a las primeras reuniones de una nueva ronda de negociaciones de paz, sacudidas por el aumento diario de la violencia armada en Siria, que hace temer el fracaso de este esfuerzo diplomático.
Un acuerdo de cese de las hostilidades está formalmente vigente en Siria desde el 30 de diciembre de 2016 y, aunque ha estado salpicado de constantes violaciones, una serie de ofensivas rebeldes contra posiciones gubernamentales lo están debilitando gravemente, reconoció ayer el mediador de la ONU, Staffan de Mistura.
En una conferencia ante la prensa, el diplomático pidió a Rusia, Irán y Turquía, garantes de esa tregua, que "tomen la situación de nuevo en sus manos" para controlar el resurgimiento de las hostilidades.
"La situación es muy preocupante", comentó, tras indicar que espera que los tres países pronto convoquen a las partes del conflicto a una nueva reunión en Astaná, la capital de Kazajistán donde se negocia el aspecto militar de la crisis siria.
En Astaná se han realizado una serie de reuniones a ese respecto, la primera de las cuales permitió cerrar el actual acuerdo de cese de hostilidades, aunque la última fracasó por la ausencia de importantes grupos armados.
En las últimas semanas grupos rebeldes sirios se han unido a formaciones yihadistas para emprender ofensivas contra las fuerzas gubernamentales en los alrededores de Damasco y en la provincia central de Hama.
