El Gobierno de Brasil atribuyó ayer el caso de la adulteración de la carne a un delito de corrupción y no a un problema de salud pública o de falta de control sanitario, mientras el presidente, Michel Temer, admitió que el escándalo ha colocado al país en una "situación embarazosa". "Evidentemente eso causó, no puedo dejar de registrarlo, una situación embarazosa para Brasil porque llevó a algunos países a, de alguna forma, pensar en suspender las compras de carne", afirmó.
