Brasil, uno de los grandes productores de alimentos del mundo, fue sacudido ayer por una operación policial que desbarató una mafia que adulteraba carnes y tenía vínculos con al menos dos partidos de la base del Gobierno de Michel Temer.
El escándalo tiene una vertiente política, que salpica al Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que lidera Temer, y al Partido Progresista (PP), pero también un delicado flanco económico, ya que las carnes adulteradas eran tanto para consumo interno como para el mercado internacional. Brasil es el mayor exportador mundial de carne bovina y de pollo, el cuarto en el segmento de cerdos y las ventas externas de esos tres representaron en 2016 el 7,2 % de ese comercio, con 11.600 millones de dólares.
"Esta situación nos deja indignados, porque causa un daño a la imagen" del país, reconoció el viceministro de Agricultura, Eumar Novacki, en una rueda de prensa en la que admitió que fiscales de ese despacho participaban directamente en las irregularidades.
Sin embargo, aclaró que "la carne brasileña está presente en 150 países y cada uno de ellos tiene sus propios sistemas de vigilancia y verifica la calidad del producto", por lo que vaticinó que este escándalo no tendrá impacto en el comercio externo.
El asunto causó preocupación en la Confederación Nacional de Agricultura (CNA), que en un comunicado exigió el "mayor rigor" en la investigación.
"Los productores rurales han dado una gran contribución al desarrollo nacional, generan empleo, renta y alimentos de calidad para la población, por lo que no es justo que tengan su imagen manchada por la acción irresponsable y criminal de algunos", indicó la CNA.
