Los civiles de los barrios occidentales de Mosul padecen no solo la violencia por los duros combates entre las fuerzas iraquíes y los yihadistas que controlan esta parte de la ciudad del norte de Irak, sino también la escasez de alimentos, agua y servicios médicos.
Quienes han conseguido escapar del yugo del grupo terrorista Estado Islámico (EI) cuentan cómo el sufrimiento de las familias bloqueadas en el oeste de Mosul se agrava día a día, a causa de los continuos bombardeos y la imposibilidad, en muchos casos, de huir de las zonas de combate.
El EI ha cerrado a cal y canto el casco antiguo, situado en el centro de la parte occidental de Mosul, y prohíbe la salida de las familias, que utiliza como escudos humanos para evitar que las fuerzas de seguridad iraquíes se acerquen a la zona.
Ayer las Fuerzas de Respuesta Rápida, cuerpo policial especial, se enfrentaron a los extremistas en el barrio de Bab al Tub, en el centro oeste de la urbe, y se hicieron con el control del hotel Ashur, donde estaban apostados francotiradores del EI. Una habitante del también céntrico barrio de Al Maidan, Um Hashem, de 57 años, explicó a EFE que huyó junto a otros nueve miembros de la familia de su hijo a través de calles estrechas y asegurando a los miembros del EI que se encontraban a su paso que se dirigían a casa de unos familiares.
