Desde hace un mes, más de 2.500 mineros chilenos acampan a 3.300 metros sobre el nivel del mar, en pleno desierto de Atacama, para exigir que la minera La Escondida, la empresa para la que trabajan, mantenga sus condiciones laborales.
Son los trabajadores sindicalizados del yacimiento que más cobre produce en el mundo, quienes hace un mes paralizaron las tareas extractivas para luchar contra lo que consideran un "ataque contra su dignidad", dando inicio así a una huelga de tal envergadura que puede impactar incluso en el crecimiento económico del país.
"Estamos peleando para mantener unos derechos y unos beneficios que conseguimos después de mucho batallar. Nos ha costado más de dos décadas lograr lo que tenemos, no vamos a renunciar a ello así como así", aseguró a EFE el minero Cristián Díaz.
Díaz es uno de los 2.500 trabajadores que han acampado en un terreno cercano a la mina, situada a 150 kilómetros de la norteña ciudad de Antofagasta.
Este minero tiene 44 años y más de la mitad de su vida ha trabajado como chófer de un camión de extracción. Ahora convive con sus compañeros en una extensión del desierto de casi ocho hectáreas en la que han levantado "un pequeño pueblo".
"Hemos construido baños y duchas, tenemos un servicio de alimentación y también áreas de esparcimiento y reuniones", describió Carlos Allendes, el líder del Sindicato Número 1, que agrupa a unos 2.500 trabajadores, de un total de 4.500 personas que laboran en el yacimiento. Empleando plásticos, trozos de madera y un generador, los trabajadores han construido un rudimentario alumbrado público, duchas, salas de reuniones e incluso una cancha de fútbol, donde matan el tiempo mientras aguardan la reanudación de las negociaciones sobre el convenio colectivo con la dirección de la empresa.
