Al menos, 34 civiles murieron ayer por el fuego de la artillería gubernamental siria y los disparos de cohetes por parte de facciones opositoras en Alepo (norte), donde el ejército prosiguió su avance frente a los rebeldes.
De esos fallecidos, al menos 26, entre ellos siete menores y cinco mujeres, perdieron la vida por los proyectiles de la artillería de las fuerzas leales al presidente sirio, Bachar al Asad, en el barrio de Yeb al Quebeh, controlado por los insurgentes y situado en el este de la urbe. La Defensa Civil Siria, que presta labores de rescate en lugares fuera del dominio del Gobierno, elevó el número de muertos a 45 y subrayó que en Yeb al Quebeh había desplazados procedentes de otras partes del este de la localidad.
Los también llamados "Cascos Blancos" publicaron un vídeo en el que mostraron imágenes de momentos después del ataque en las que podían apreciarse los cadáveres desmembrados de algunas de las víctimas, que permanecían tendidos en la calle.
