El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, se despidió ayer de los líderes mundiales con su discurso más duro, criticando la actitud de muchos, acusando a algunos de tener "sangre en las manos" y reclamando reformas para evitar que algunos países sigan bloqueando acciones internacionales.
Ban, que dejará el cargo a final de año, aprovechó su último discurso para mostrar directamente su descontento a buena parte de los jefes de Estado.
"En demasiados lugares vemos a líderes que reescriben constituciones, que manipulan elecciones y que dan otros pasos desesperados para agarrarse al poder", lamentó el diplomático surcoreano. "Los líderes deben entender que su puesto es una confianza que les da gente, no una propiedad personal", añadió. Ban no dudó en apuntar directamente a algunos de esos dirigentes: a los de Sudán del Sur les acusó de haber "traicionado a su pueblo", a los de Corea del Norte de dedicarse a pruebas nucleares mientras su gente sufre y al presidente sirio, Bachar al Asad, de haber matado a más civiles que nadie en la guerra de su país.
Con un lenguaje contundente, criticó también a las potencias que "siguen alimentando la maquinaria de guerra" en Siria y que tienen "sangre en sus manos". "Hoy en esta sala hay representantes de gobiernos que han ignorado, facilitado, financiado, participado o incluso planeado y ejecutado atrocidades infligidas por todas las partes del conflicto sirio contra civiles", denunció.
