Eduardo Cunha, el polémico jefe de la Cámara Baja de Brasil que dio inicio al juicio político contra la mandataria Dilma Rousseff, renunció ayer a su cargo pero no a su escaño, con lo que puede mantener su influencia en el Parlamento.
Suspendido de sus funciones como diputado y de la presidencia de la Cámara Baja por una decisión dictada en mayo pasado por la Corte Suprema, que le juzga por presunta corrupción, Cunha claudicó ante las presiones de todo el arco político y anunció ayer su dimisión. Aclaró, sin embargo, que deja la presidencia de la Cámara baja pero no su escaño, que se propone "defender" ante una comisión de diputados que también lo procesa por supuesta corrupción. Cunha es miembro del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que lidera el vicepresidente interino, Michel Temer, quien sustituye desde el 12 de mayo a Rousseff, suspendida de sus funciones para responder a un juicio de destitución.
