Hungría ha aplicado a 600 personas, desde ayer, la nueva norma para trasladar a los refugiados al otro lado de las vallas fronterizas, donde no reciben asistencia, una medida criticada como una forma de "devolución en caliente" que puede violar los derechos humanos y dificultar la petición de asilo.
Una reforma de la Ley de Extranjería, que entró en vigor a medianoche, faculta a Policía y Ejército a "acompañar" a quienes entren ilegalmente en el país, y sean interceptados en los ocho primeros kilómetros de territorio, al otro lado de las alambradas elevadas por Budapest en sus fronteras con Serbia y Croacia.
Al otro lado de las vallas, aún en suelo húngaro, los refugiados tendrán que solicitar asilo y esperar una respuesta durante días o semanas.
