Lahore se convirtió ayer en una morgue con el comienzo de los entierros de los 72 fallecidos en el atentado del domingo en un popular parque de la ciudad, mientras el Gobierno prometía acabar con la sangría terrorista que vive Pakistán.
En una muestra de fuerza, el Ejército y la Policía realizaron varias operaciones contra grupos insurgentes que se saldaron con la detención de 50 personas y la incautación de armas y munición en la provincia del Punjab, de la que Lahore es la capital.
