Rusia desplegó ayer misiles antiaéreos S-400 en Siria para proteger a sus aviones que cumplen misiones en ese país, después de que un bombardero ruso Su-24 fue derribado en la frontera por Turquía.
"Los sistemas con misiles antiaéreos S-400 ya han entrado en servicio", dijo a medios locales Ígor Konashenkov, portavoz del Ministerio ruso de Defensa.
La televisión pública mostró imágenes de esas baterías ya desplegadas en la base aérea rusa de la provincia de Latakia, que se encuentra a unos 30 kilómetros de la frontera turca, y permitirán al Ejército ruso controlar prácticamente todo el norte de Siria. Ese despliegue había sido propuesto por el Ministerio de Defensa al presidente ruso, Vladímir Putin, que lo aceptó de inmediato.
"Ahora garantizaremos de manera más fiable la seguridad de los aviones de nuestra escuadrilla durante las acciones contra los terroristas del Estado Islámico y otros grupos terroristas", destacó el general.
Konashenkov expresó su sorpresa por la reacción ante este despliegue de Estados Unidos, que aseguró que los S-400 dificultarán aún más la ya conflictiva situación en el cielo de Siria. El S-400, uno de los orgullos de la industria armamentista rusa, garantiza el derribo de objetivos aéreos -desde cazas a misiles de crucero- a una distancia de 250 kilómetros.
Rusia ya desplegó cerca de las costas de Latakia el buque insignia de su armada.
