La aerolínea rusa MetroJet, propietaria del Airbus A-321 que se estrelló el sábado 31 de octubre en Egipto causando la muerte a sus 224 ocupantes, atribuyó ayer el suceso a una "acción exterior", lo que siembra dudas sobre la posibilidad de un ataque terrorista en la convulsa península del Sinaí.
"La única causa que puede explicar (que el avión se desintegrara en pleno vuelo) es una acción mecánica exterior en la aeronave", dijo uno de los directivos de la compañía, Alexánder Smirnov, tras descartar factores mecánicos y humanos. Tras el revuelo causado por estas declaraciones, el máximo responsable de la agencia de Aviación Civil rusa, Rosaviatsia, se apresuró a desdecir a la aerolínea y aseguró que "es completamente prematuro hablar acerca de las razones (de la tragedia), ya que no hay bases para ello".
"Quiero hacer un llamamiento a la comunidad aeronáutica para que se abstenga de sacar conclusiones prematuras", declaró el presidente de Rosaviatsia, Alexander Neradko, al canal de televisión Rossia-24. El portavoz del Kremlin, Dimtri Peskov, afirmó que ninguna hipótesis está descartada en estos momentos.
El director del Comité de Aviación Interestatal (CAI) de Rusia, Víctor Sorochenko, detalló que, antes de estrellarse a los 23 minutos de haber despegado de Sharm el Sheij, el aparato se destruyó "en el aire y los fragmentos quedaron desperdigados por una superficie de cerca de 20 kilómetros cuadrados".
