La noche del viernes que parecía rutinaria terminó convertida en un operativo de alto riesgo arriba de la cota 4.400 del Cerro Rico de Potosí, donde la Policía ejecutó un golpe contra una presunta estructura organizada dedicada al robo de mineral, cuyos miembros son conocidos como jucus.
Dos intervenciones simultáneas —una sobre la cota 4.400 del Cerro y otra en la zona de Agua Dulce— dejaron al menos nueve aprehendidos en medio de explosiones de dinamita, persecuciones en altura y despliegue de unidades tácticas en medio de la oscuridad y el frío.
El operativo comenzó como parte de los patrullajes preventivos para hacer cumplir el Auto de Buen Gobierno previo a las elecciones subnacionales. A las 20:30, efectivos policiales se concentraron en plaza central y luego se desplegaron por distintos puntos de la ciudad.
Sin embargo, cerca de las 22:30, una llamada a Radio Patrullas 110 cambió el curso de la noche. Funcionarios de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol) alertaron sobre la presencia de aproximadamente 50 personas operando ilegalmente en la parte más alta del cerro.
No se trataba de una incursión menor. Según la denuncia, los grupos utilizaban maquinaria pesada y volquetes para extraer óxidos de plata en una zona restringida, donde el mineral superficial alcanza elevado valor en el mercado internacional.
“CLAVE 300”
Activada la “Clave 300” —llamada general—, las patrullas se movilizaron hacia la cima. Los primeros en llegar fueron los efectivos del grupo Delta quienes confirmaron la magnitud de la operación ilegal y solicitaron refuerzos mediante la “Clave 401”.
El ascenso no fue sencillo. Caminos estrechos, pendientes inestables, asemejados a un laberinto, y el viento helado de altura marcaron el avance policial. Desde lo alto, la ciudad de Potosí permanecía en calma, ajena a lo que estaba por desatarse.
El primer contacto fue hostil. Un motociclista, presuntamente encargado de guiar a un vehículo de carga, fue reducido. Un volquete logró escapar retrocediendo en medio de la oscuridad.
Sin embargo, el mayor Miguel Ángel Ovando y el capitán Boris Gemio, junto a policías de la UTOP y otros, comandaron la punta de lanza para seguir ascendiendo en medio de las explosiones de dinamita.
