Luto, rabia y preguntas sin respuesta envuelven a la familia Villaca Menacho, que hoy llora la muerte del joven soldado Axel Ariel, de apenas 20 años, traído a Potosí en un ataúd desde Tarija, donde cumplía su servicio militar del primer escalón. Lo que debería haber sido un año de disciplina y formación terminó convertido en una pesadilla que sus padres no pueden —ni quieren— aceptar.
La familia sospecha lo peor. Temen que Axel haya sido brutalmente golpeado. Su padre, con la voz quebrada por la impotencia, asegura que algo extraño pasó con su hijo, un muchacho sano que salió de casa con sueños, no para volver “frío y silenciado en un cajón”.
El dolor se hace más insoportable por la incertidumbre. Hasta hoy, la familia no recibe el informe oficial de la autopsia. Peor aún, denuncian que ese examen se habría realizado sin su consentimiento.
“Ya lo habían cortado a mi hijo… hicieron todo sin nosotros”, reclamó entre lágrimas Mery Menacho, la madre del conscripto, quien lamenta que ni siquiera se les permitió estar presentes en el último acto médico sobre el cuerpo de su hijo.
Ahora, los Villaca Menacho exigen una investigación exhaustiva, transparente y humana. Piden que se esclarezca cada minuto de lo ocurrido en la unidad militar, porque —dicen— Axel no murió solo: alguien sabe la verdad.
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