Drama. El cuerpo fue trasladado directamente del hospital al cementerio sin el tradicional cierre emocional en la Villa Imperial. Anoche, por primera vez en Potosí, se celebró el primer entierro sin familia, sin amigos, sin exequias fúnebres, sin sacerdote y sin un adiós. Así fue enterrada a la mujer de 62 años que fue la primera víctima del COVID-19.
Cuando un ser querido muere, el darle un último adiós significa todo pero el coronavirus imposibilitó una despedida final. Una maquinaria pesada fue usada para sepultar a la ciudadana que fulminada por el virus mortal.
La familia quedó devastada. A las hijas e hijos les es difícil aceptar la muerte de la mujer que dio vida. De acuerdo con el protocolo de seguridad, está prohibido ver al difunto que pereció por el coronavirus e inclusive no pueden ser enterrado sin sus atuendos finos o preferidos como suele hacerse en esta región del país.
El alcalde Luis Alberto López dijo estar sorprendido porque no esperaba un desenlace fatal por la pandemia que ya a infectado a diez personas en la ciudad de Potosí. Aún más porque no se tiene un horno crematorio.
El entierro se efectivizó a las 21:00 de ayer, martes 7 de abril, en el cementerio general. López explicó que se hizo una excavación de cuatro metros y medio con maquinaria pesada.
Luego se colocó una capa base de cal en el fondo para introducir el ataúd. “Después se tapó con tierra mezclado con mucha cal, de acuerdo con el protocolo, complementó.
Afirmó que actualmente se envió una carta a la presidente, Jeanine Áñez, con la finalidad de que apruebe una norma legal que permita al Gobierno Autónomo Municipal de Potosí comprar un horno crematorio sin trámite alguno, porque el actual no permite la adquisición de manera directa sino, a través de una licitación. Ya se proyectó más de 3 millones de Bolivianos para esa adquisición.
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