El nombre del jesuita español Luis Espinal Camps tiene distintos significados en Bolivia, que lo ligan con la lucha por la democracia, el desarrollo del cine y el periodismo del país suramericano, cuyo recuerdo se mantiene intacto tras cuatro décadas de su asesinato.
A esas facetas se suma su lado artístico como escultor aficionado, académico y escritor de cinematografía, además de un afamado texto "Oraciones a quemarropa", que han conmovido a generaciones de bolivianos por su combinación de agudeza, realismo y fe.
"Sigo teniendo pena (por su muerte)", dijo a Efe Hans Moeller, que junto a su esposa Alcira Zeballos conocieron a Espinal hace más de medio siglo, poco después de la llegada a Bolivia en 1968 del sacerdote, nacido en 1932 en la localidad catalana de San Fruitos de Bages, en la provincia de Barcelona.
Moeller, de 74 años, recordó que uno de los primeros encuentros con Espinal fue cuando el religioso daba charlas a universitarios en ciudades mineras como Oruro y luego lo reconoció como comentarista de cine en apariciones suyas en televisión.
Su aporte fundamental fue en los medios de comunicación, como en los periódicos ya desaparecidos Última Hora y Presencia, además del Semanario Aquí, que condujo, y de su paso por la estatal Televisión Boliviana, "que censuró uno de sus programas periodísticos y de investigación", rememoró Moeller.
El estilo de este jesuita destacaba por "constantemente" encontrar formas para manifestar lo que él creía que era "verdad", señaló.
SU MUERTE
Espinal fue secuestrado, torturado y asesinado por un grupo paramilitar la noche del 21 de marzo de 1980, meses antes de que la dictadura de Luis García Meza, una de las más crueles de Bolivia, tomase el poder.
El matrimonio Moeller formó parte por varios años de una comunidad "mixta" formada por jesuitas y laicos comprometidos con la fe cristiana durante la década de 1970, en la que Espinal tuvo un rol inspirador, recordaron ambos.
Hans y Alcira convivieron con Espinal y otros jesuitas españoles como Xavier Albó, José Prats, Luis Alegre o José Henestrosa, en una comunidad en que todos ponían sus ingresos en común para vivir, además de una experiencia que alentaba su fe en medio de la inestable realidad política boliviana.
