Gracias a la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia, la Educación y la Cultura (Unesco), se dispuso porque el 23 de abril de cada año, sea la fecha dedicada a celebrar el “Día del Libro”, en gratitud y memoria a tres valiosos escritores conocidos en todo el orbe: Miguel de Cervantes Saavedra, William Shakespeare y Garcilaso de la Vega, los que coincidentemente dejaron de existir en la misma fecha y año (23 de abril de 1616) en diferentes lugares de la tierra, luego de aportar valiosamente con sus obras literarias en diferentes géneros.
William Shakespeare, poeta dramático inglés, nació el 23 de abril de 1564 en Stratfordon-Avon de Inglaterra, perteneciendo a una familia acomodada. Se matrimonió cuando cumplía los 18 años de edad; luego en 1594 se constituyó en actor y accionista de la compañía de Lord Chamberlains. En 1582 se trasladó a Londres y trabajó como actor en diversas compañías teatrales, para después dedicarse a escribir poemas, comedias ligeras, frescos históricos y obras dramáticas. Entre sus trabajos literarios de mayor éxito se encuentra “Romeo y Julieta”, “El sueño de una noche de verano”, “El mercader de Venecia”, “Mucho ruido y pocas nueces” y otras tantas que le dieron satisfacciones en grande. Este exitoso escritor y poeta inglés murió el 23 de abril de 1616, dejando para la posteridad lo mejor de sus escritos.
Garcilaso de la Vega nació en Cusco, Perú, el l2 de abril de 1539, en el seno de una familia noble; fue hijo del conquistador español Sebastián Garcilaso de la Vega y de la ñusta inca Isabel Chimpo Ocllo perteneciente a la corte cusqueña.
Garcilaso de la Vega, en 1560, se trasladó a España donde luchó en la rebelión de “Las Alpujarras”; luego se instaló en Córdova de España en 1590. Fue escritor e historiador hispanoamericano. Fue esencialmente un humanista, así como el haberse constituido en primer gran prosista de Hispanoamérica, siendo autor de importantes obras históricas, entre ellas: “La florida del Inca”. Su obra maestra fue “Comentarios Reales” (1606), donde se da a conocer la historia del imperio incaico hasta la llegada de los españoles; luego se encuentra la obra complementaria a la primera: “Historia General del Perú” (1617).
Miguel de Cervantes Saavedra nació en Alcalá de Henares, España el 29 de septiembre de 1547. Tras de estudiar en Madrid se trasladó a Roma donde estuvo al servicio del cardenal Acquaviva. Llevó una vida llena de peripecias; luchó en la batalla de Lepanto contra los turcos, en 1541, donde fue herido en la mano izquierda que finalmente le quedó anquilosada por la que se le conoce como “El Manco de Lepanto”. Sentó plaza en Flandes en 1572 participando en la expedición de Túnez.
De regreso a España fue apresado por los turcos piratas berberiscos y conducido como esclavo a Argel. Tras cuatro años de intentos de evasión, fue rescatado para luego instalarse en Madrid y convertirse en familiar de la Corte de Felipe III, allí donde comenzó su obra literaria a pesar de la estrechez económica que le acompañó durante toda su vida.
Miguel de Cervantes Saavedra se casó con doña Catalina de Salazar y Palacios. Obtuvo el cargo de comisario agente proveedor de la Armada Invencible de España en 1587 para lo cual se trasladó a Sevilla. Fue modesto protegido del conde de Lemos; memorialista y demasiado generoso; marido desengañado e infeliz en su hogar. Pese a todo ello siguió en la lucha por destacarse como literato. Cultivó la poesía y el teatro. Muchas de sus composiciones están intercaladas en prosa, una de ellas es “El viaje de Parmaso”. Como dramaturgo, escribió en verso, la tragedia “Numancia”; pero fue en la novela donde se dio a conocer como un auténtico príncipe de las letras. Logró una producción narrativa cervantina que se inició con su novela “La Galatea pastoril”, culminando con su famosa obra “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, cuya primera parte corresponde al año 1605, y la segunda a 1615, siendo calificada como una de las mejores obras de la literatura universal.
Y bueno, Miguel de Cervantes Saavedra, no solo consiguió parodiar los libros de caballería y descubrir la gigantesca lucha entre el idealismo y el materialismo, como era su intensión, sino que llegó a crear una de las mejores obras de la literatura universal y una de las frases más resonantes que conoce el mundo “¡Vale un Potosí!”.
