La fiesta de Todos los Santos concluyó ayer con una serie de actos costumbristas y tradicionales dedicados a la despedida de las almitas de los difuntos que estuvieron en los hogares, fortaleciendo la fe católica de los potosinos.
El tradicional acto del alma cacharpaya fue celebrado en una mayoría de los domicilios donde se armaron las tumbas y fue celebrado como una forma de dejar el dolor por la muerte de un ser querido.
Para muchos, ayer ha significado quitarse definitivamente el luto por ello se demostró la alegría, compartiendo la bebida y la comida propia de la despedida de las almas.
También se vivió la tradición del denominado q’araku y el jatun mank’a, actividad en el que se nombra a los padrinos encargados de tapar la tumba, distribuir las masitas y alimentos en partes iguales entre todos los asistentes, elegir al personaje del curita para el bautizo de la t’anta wawa y el juego con el tostado para alejar las penas en medio de risas y compartiendo la jornada en un alegre ambiente que no será olvidado.
El Gobierno Municipal de Potosí, a través de la dirección de cultura, preparó ayer una mesa en el salón del Pabellón de los Oficiales Reales permitiendo la participación de la población, quienes compartieron ricas masitas y una copa de vino.
El historiador Walter Zavala fue el encargado de relatar las costumbres potosinas de la festividad en tiempos pasados y resaltó que todavía persiste en las familias, pese al ingreso de otras costumbres extranjeras.
Se cumplió los juegos del sapo, la taba y la tokola, los jóvenes armaron equipos y se desafiaron en medio de risas y alegría. Los perdedores cumplieron el castigo de golpes en las nalgas con una madera y tomar un vaso de chicha sin usar las manos.
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