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FE Y REALIDAD

“La gracia según San Pablo”

11 Enero 2017Abel Maldonado Alvarez

San Pablo ha descubierto personalmente que la salvación no se alcanza por las obras de la ley, sino que es don gratuito de Dios, realizado en la Pascua de Cristo y acogido en la fe, que también es don. Este descubrimiento está ligado a su conversión. Pablo considera su vida anterior a su conversión como indigna por haber perseguido a la Iglesia de Dios. Pero antes de su conversión, San Pablo era un hombre piadoso, que creía cumplir la voluntad de Dios.

Pablo era fariseo y para él la ley ocupaba un lugar importante. Toda observancia de un precepto significaba "mérito", toda trasgresión del mismo, "castigo". Su conversión fue un encuentro con Jesús que transformó su vida (Hch 9,1-19). Este encuentro fue decisivo para que comprendiera que el hombre no se justifica por las obras de la ley, sino por la fe en Jesucristo. Y descubrió que su vida no tiene sentido en sí mismo, sino desde otro. Descubrió que ni lo malo ni lo bueno de sí mismo importa, sino sólo Cristo.

Esta experiencia personal de la gracia es sistematizada por San Pablo. La gracia es un don de Dios. Conociendo la historia de salvación del pueblo de Israel y sumando el conocimiento de que Dios no se reservó ni a su propio Hijo, Pablo tiene elementos suficientes para condensar el término "charis" (gracia), los cuales son: a) La previa pecaminosidad universal; b) La redención de la misma en Cristo, que otorga la justificación; y c) El don de la gracia divina. Esta gracia conferida gratuitamente es más efectiva y radical que la mera compasión y misericordia divinas a las que apelaba el AT. La gracia en Pablo no es algo, sino alguien. La salvación por gracia consiste en ser vivificados y resucitados con Cristo. La "gracia de Dios" es la "gracia de Cristo", y en término prácticos, la gracia es la liberación del pecado. "Cristo nos libertó para la libertad".

Según Rm 3,21-26, la justicia de Dios se revela en favor de los que creen en Cristo. Está primero el "ahora", es un "ahora" apocalíptico, que afirma que ha llegado el tiempo de la revelación de Dios "independientemente de la ley". Dios actúa independientemente de la ley. San Pablo subraya que es una justicia de Dios por la fe en Jesucristo. Con o sin ley, la única condición es creer. La fundamentación es que todos pecaron. Por lo cual no olvidemos que el pecado sólo se puede superar desde Dios, que salva gratuitamente con el don de la gracia. Y estamos predestinados a recibir la gracia, es de ahí que podemos decir que la predestinación está en la libertad de cada uno de nosotros, y negarse a la acción de la gracia ¿la hace ineficaz?, simplemente no. Pero esto no se resuelve si se pone el hombre al mismo nivel que Dios. Solamente si se toma al hombre en su relación con la colectividad puede encontrarse una solución, ya que Dios nos elige para la salvación. La meta de la predestinación es ser imagen de Dios. Esto no significa un individuo aislado de la colectividad, ya que somos parte de una iglesia. Y hay que buscar la respuesta en el individuo relacionado con su comunidad. La predestinación coincide con el hecho de que Dios siempre encuentra personas que se dejan enviar, que responden a la vocación. Estas personas responden a los sueños de Dios cuando los predestinó. La predestinación se realiza en un gran acontecimiento de amor y de libertad. Por lo tanto no olvidemos que la gracia de Dios no fracasa, porque aunque el hombre la rechace, siempre la oferta de Dios estará presente en nuestra vida.

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