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El Legado Cultural de Gesta Bárbara

14 Junio 2018Roger Tirado Villafuerte
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La tapa del libro "Gesta Bárbara", escrito por Valentín Abecia.

La tapa del libro "Gesta Bárbara", escrito por Valentín Abecia.

Potosí alcanzó la excelencia literaria cuando a fines de la segunda década del siglo XX, jóvenes poetas y escritores intentaron evolucionar la sociedad de su época y salir “de la superficialidad y sanchopancismo” que caracterizaba a su medio. Para conseguirlo, estos jóvenes, a la cabeza de su heraldo Carlos Medinaceli, publicaron la revista “Gesta Barbará”. Originalmente el grupo se denominó “generación del 18” por haber concurrido en 1918  y en clara alusión a la “generación del 98”, de España, integrada por escritores como Azorín, Antonio Machado, Pio Baroja, Miguel de Unamuno, Ramón del Valle Inclán y otros.

La revista bautizada como “Gesta Bárbara” alude a Castalia Bárbara, obra poética de Ricardo Jaimes Freyre, de la cual son asiduos lectores y admiradores. Los “Bárbaros”, publican 10 fascículos desde 1918 hasta 1925, en estas revistas exponen principalmente poesía, ensayo, cuento corto y crítica literaria, de manera sobresaliente.

Sus ensayos con matiz sociológico-filosófico, innovadores y progresistas para la época, su principal premisa es proporcionarle vida literaria e intelectual a la ciudad y salir de la burocracia “empleofaga” como llamaba despectivamente Medinaceli a la rutina del trabajo institucional y educativo.

Se congregan cotidianamente en la plaza de la ciudad según cuenta Armando Alba. “La plaza mayor de la villa fue nuestro ágora y en las calles frías y ruinosas que dejó la colonia, libramos denodada batalla por el espíritu”, motivados por las veladas poéticas de Ricardo Jaimes Freyre, uno de los pilares del modernismo literario junto a Rubén Darío.

Aparte del modernismo en la literatura, cofradías o círculos de investigadores escudriñaron las ciencias sociales, la literatura y la filosofía, así el movimiento Sturm und Drang, en Alemania, que ofreció a los poetas rebeldes de la época la oportunidad de expresar sus sentimientos reprimidos; en Francia el grupo “Dada” que se inicia con la llegada de Tristan Tzara a Paris y las llamadas sesiones de “viernes de literatura” en 1920, los dadaístas se caracterizaban por no usar corbata y utilizar guantes blancos, estos publican el boletín “Dada” en el que exponían sus ideas revolucionarias, la separación de André Bretón marca el comienzo de lo que posteriormente será el movimiento surrealista con todas sus consecuencias en el arte, publican estos la revista “Surrealisme”, dirigida por Iván Goll y juntamente a André Bretón inician el movimiento Surrealista, generando toda una revolución en el arte en 1924.

En 1915, en otro lugar del mundo se producía una corriente que buscaba profundizar el estudio de la literatura y la poesía; el denominado “Formalismo Ruso”, bajo la dirección de Román Jakobson, que aspira definir la autonomía de la literatura y su objeto, “la literalidad”, entendiéndose por literalidad a aquello que hace que una obra literaria sea literaria.

Asimismo, en 1916 se crea en la antigua ciudad rusa, San Petersburgo, la comunidad “Opojaz”, sociedad para el estudio de la lengua poética, y su principal portavoz es B. Eichenbaum.

Posteriormente en el periodo entre las dos guerras mundiales, se formó en la ciudad de Viena una corriente de pensamiento filosófico que propugna el nombrado “positivismo lógico”, encabezados por el filósofo Rudolf Carnap. Los positivistas, cultivaran la lógica simbólica o matemática, entre estos pensadores se encontraba el filosofo Ludwig Wittgenstein quien motivara profundas reflexiones sobre filosofía del lenguaje, y los problemas filosóficos; los componentes del llamado “circulo de Viena” propondrán la denominada filosofía analítica de gran influencia en Estados Unidos e Inglaterra llegando a proponer (Wittgenstein) que la mayoría de los problemas filosóficos no tienen sentido y su causa se debe simplemente a las imperfecciones del lenguaje

En Potosí antecesores de Gesta Bárbara, aunque no estrictamente literatos o poetas, constituyeron a fines del siglo XIX una generación selecta, formada en 1877 e integrado por Modesto Omiste, Demetrio Calvimonte, Luis F. Manzano, Antonio Quijarro, Lucas Jaimes, José David Berrios, Pedro H. Vargas, Daniel Campos, Daniel Bracamonte y otros, llegaron a publicar la revista “Potosí”.

Terminada la Primera Guerra Mundial, el clima posguerra que rodeaba el mundo era la depresión de una Europa devastada pero también con el deseo de reconstrucción y esperanza de poder crear en vez de destruir, asimismo el mundo todavía era sacudido por los clamores de la revolución bolchevique de 1917, es este el contexto en el que Potosí, otrora Villa Imperial de Carlos V, vivía la contradicción de vivir pobremente en una geografía mineralmente rica, fenómeno que será fruto de análisis por parte de Carlos Medinaceli y de sus compañeros.

Singularmente Gesta Barbará en 1918 reúne a jóvenes de la misma edad, veinteañeros que se proponen cambiar el ambiente potosino, pues en ese entonces Potosí ya no era el emporio que fue en la Colonia. Potosí vivió en esos años un periodo de estetización, un afán por el arte, la literatura la poesía, traducida en una búsqueda de la verdad por medio de la belleza. “Nuestra verdad es arte”, expresa uno de los prefacios de la revista.

El genio potosino se manifestaba a través del talento de una generación; la generación de Gesta Bárbara, en palabras de Arturo Peralta, “Allí maduró el genio bárbaro, de allí salieron escritores y poetas, sociólogos y luchadores, pintores y músicos… Allí comprendimos a España y descubrimos América”.

La característica de los escritores potosinos, desde Bartolomé Arzans de Orsua y Vela, hasta el filosofo Marvin Sandi, fue la relación con la tierra, con el ambiente, con el paisaje potosino ya sea el campo, la ciudad o el excelso cerro; los jóvenes de Gesta Bárbara no fueron la excepción.

En la filosofía de Gesta Bárbara predomina el amor por el terruño, por sus raíces por sus calles, por su idiosincrasia, esto posiblemente consecuencia de la lectura de autores como Ángel Ganivet, que expresa en su obra esa búsqueda del “alma territorial”, o del peruano José Mariátegui profesando “el sentimiento terraista”, o bien la búsqueda del “alma nacional” de Jaime Mendoza expresado en el “Macizo Boliviano”, que impera desde las cumbres, continua en los valles selvas y llanos de tierras bajas, o el deseo de Franz Tamayo, “hacernos poseer por nuestra Madre tierra”, conceptos que definitivamente inundaron la mentalidad de los Bárbaros, pues Carlos Medinaceli, vivirá según esta consigna, “meter nuestra sangre en nuestra tierra”.

Esta filosofía de vida diferente a regionalismo, y expresada en la literatura y poesía de los barbaros posiblemente fue heredada desde el “precursor “ de la independencia en América, el vicuña potosino Alonso Yáñez (de Ibañez, según otros autores), del cual Frontaura Argandoña nos ofrece un semblante en una de sus obras señalando ese mismo “sentimiento terraista”, “Potosí era para Alonso carne y sangre, ensueño y entraña, Madre y novia”.

El valor fundamental de Gesta Bárbara fue que, a través de sus ensayos, el lenguaje costumbrista y poético de sus personajes se producía un redescubrimiento del alma tradicional y mestiza de Bolivia y se localice la verdadera esencia de la identidad boliviana.

Aunque los miembros de este cenáculo no alcanzaron la fama literaria mucho menos la fortuna, en su tiempo, el autor de “La Chaskañawi”, llegó a constituirse en el mejor crítico literario que produjera Bolivia. En sus obras “Estudios críticos”, “La reivindicación de la cultura americana”, “Chaupi Punchaipi tutayarka” y la magnífica “El Huayralevismo”, exalta y descubre nuevos valores en las letras, además de ser el que más libros publicó, algunos después de su muerte y pondera a escritores potosinos y  bolivianos.

En una carta abierta a Roberto Leyton expresa: “En mi concepto, los versos de José Enrique Viaña, coleccionados en sus volúmenes “La humilde ventura” y “Camino soleado”, los dramas sociales de Valentín Meriles “La mala senda” y “El alma de la provincia”, las comedias reideras de Daniel Zambrana Romero como su aplaudida “Por ministerio de la ley” y los dramas Keswas de Zarate Araujo, como “El indio, la Hacienda y el Cuartel”, con mas sus “Aguafuertes”, es lo mejor que ha producido Potosí en materia literaria en los últimos tiempos”.

Las premisas fundamentales de los jóvenes bárbaros concebidas en noches de bohemia, inspirados en el paisaje de la cordillera de los frailes que observaban desde el camino carretero, (actualmente la calle Cobija), fue censurar los males de su medio. “Pensamos como europeos y sentimos como indios” y bajo la consigna de “luchar por la cultura”, hizo que escritores como Roberto Leytón, “que de golpe y porrazo fundó la novela vanguardista en Bolivia”, (opinión de C. Medinaceli).

Publiquen obras como “El rio bramador y borracho”, con claras connotaciones sociales y tradicionales de cada región. Asimismo, Armando Alba, Enrique Viaña o el peruano Arturo Peralta, conocido por sus seudónimos Gamaliel Churata o Juan Cajal, siguieron escribiendo aun en otras latitudes.

 

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