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La Virgen del Santísimo Rosario de Potosí

08 Octubre 2017*Wálter Zabala Ayllón
La imagen en la procesión del 2016.

La imagen en la procesión del 2016.

En concepto de reconocidos estudiosos y escultores de todas las épocas, se reitera el hecho de que la escultura de la imagen de Nuestra Señora del Santísimo Rosario que se venera en el templo de Santo Domingo de Guzmán en Potosí, es una de las obras más preciosas que se conserva y venera en estas gélidas tierras de argento, sabiendo que la misma fue admirada y elogiada por autoridades representantes de la Corona de España y de otras naciones de América que, al visitar la Villa Imperial de Carlos V y encontrarse en interiores del templo de Santo Domingo, no hicieron otra cosa que fijar su mirada en esa magnífica escultura religiosa, contemplándola con mucha admiración y consecutivamente todos los días en que había oportunidad de venerarla estando muy cerca de ella.

Esta preciosa escultura trabajada en madera, fue lograda en Sevilla de España en la última mitad del siglo XVI, sin conocerse el nombre de quien la trabajó ni el taller donde fue esculpida, motivando a que la tradición diga que esta imagen escultural fue realizada por ángeles de la hermandad de Santo Domingo de Sevilla, como queriendo justificar la belleza de esta obra inspirada en la Madre de Jesús como reina del universo y dignidad de amor para la humanidad, cuando el mismo Papa Pío V, instituyó la fiesta de la Virgen del Rosario en fecha 7 de octubre, para conmemorar la victoria de la Batalla de Lepanto del año 1571.

Esta maravillosa obra de arte que representa a la Virgen María Nuestra Señora del Rosario, fue trasladada a la Villa Imperial de Potosí, por trámite de los frailes dominicos del siglo XVI, cuando su iglesia y convento ya habíanse terminado en su construcción en 1553, constituyéndose en una de las esculturas religiosas más extraordinarias de la Villa de Potosí.

Esta imagen escultural, siendo representación de la Madre de Jesús, sirvió de modelo al indio Francisco Tito Yupanqui, para concretar lo que había ansiado por mucho tiempo, el reproducir o hacer una réplica de la Virgen María junto a su Niño, a través de un trabajo artístico y de mucha paciencia, hasta obtener su famosa obra llamada en principio “Virgen de la Candelaria”, trabajo efectuado el año 1572 en esta ciudad colonial, para luego ser trasladado a la isla de Copacabana en el Lago Titicaca, siendo entronizada con el nombre de “Virgen de Copacabana”.

 

Escultura de la Virgen del Rosario

En lo que toca a la escultura de la Virgen del Rosario de Potosí, esta es realmente un milagro que, viendo únicamente el rostro de esta divina Señora de los cielos, el corazón de uno palpita de emoción y la mente se limpia de cualquier pensamiento inmundo.

Tanta es la vivacidad de aquel delicado y dulce rostro que muestra unos ojos hermosísimos llenos de piedad que con el efecto dicho, inflama el corazón de toda persona.

Tiene la imagen dos varas de estatura con un rostro de agradable proporción y en todo virginal; es una verdadera pasta de un color rosa pálido; a veces parece estar encendido como ascua de oro que brilla y resplandece muchísimo.

En otras ocasiones -juzgan algunas personas que contemplan a la Virgen- diciendo que cambia el color de su rostro por un pálido o blanco con ojos que se le encienden y arrasan, asó como cuando uno quiere llorar.

El brazo izquierdo con la mano delicada e incansable, lleva con mucho cariño al Niño Jesús; y la mano derecha sostiene un báculo pastoral junto a un rosario de cuentas y algunas sortijas ricas, una de las cuales -dice cierto historiador de la colonia-, milagrosamente cayó a los pies de un soldado realista que habiendo perdido todo su caudal en un juego de sortijas ensartadas en una vara, motivó a que uno de los anillos de la Virgen le diera al anónimo oficial, un regalo jamás imaginado en tiempo alguno; anillo de oro que teniendo un diamante de apreciable tamaño, era la joya más apetecida y avaluada en muchos pesos reales de plata que, al haber sido vendida a un rico azoguero de apellido Anzures, sirvió para cancelar la deuda que había contraído el soldado español, para tiempo después, éste convertirse en catequístico y fiel devoto de la Santísima Virgen del Rosario.

Toda la escultura de esta admirable imagen religiosa, sin el ropaje que lleva puesta, es toda una maravilla, habiendo sido venerada así, por gobernadores, capitanes y otros oficiales españoles junto a destacadas autoridades de la Iglesia Católica, entre ellas, el Arzobispo Virrey Diego Morcillo Rubio de Auñón, quien mostrando su devoción hacia la Santísima Virgen del Rosario, tuvo la feliz iniciativa de obsequiar a esta venerada imagen, un primer precioso rosario con cuentas de perlas finas.

Este hecho igualmente motivó para que otros devotos de la Virgen, siguieran aquel ejemplo del Arzobispo Virrey del Perú, ofreciendo a la Santísima Madre de Jesús, valiosos presentes en oro, plata y piedras preciosas. Y fue a partir del año 1700 cuando empezó a vestírsela con telas costosas y bordadas con hilos de oro y plata, tal como se muestra en la actualidad.

 

Milagro grandioso que hizo la Virgen del Rosario en tiempo de sequía

Cuando las cementeras de las comunidades cercanas a la ciudad de Potosí, encontrábanse terminadas de sembrar y, estando ya las mieses altas, vino la inesperada sequía por falta de agua, provocando la desesperación en todos los indígenas al ver cómo se les secaba las papas, las ocas, la quinua y demás legumbres. Entonces todos los comunarios reuníeronse y acudieron al templo de Santo Domingo de esta ciudad, pidiendo al Padre Prior y a los otros religiosos dominicos, sacasen la santa imagen de la Virgen del Rosario en procesión.

Después de muchos dares y tomares, finalmente los frailes dominicos resolvieron dar paso al gusto común y justa petición de los indígenas.

Puesta la Soberana Señora de los cielos en su anda, adornada de muchas joyas y encendidas muchas hachas y cirios; acabada la misa y sermón, comenzó la procesión, recorriendo por las calles de la ciudad con cánticos de alabanza a la Virgen, soplando entonces una brisa suave que a todos alegraba y consolaba.

Cuando la procesión terminaba su recorrido y la santa imagen llegaba a su templo, empezó a caer del cielo agua mansa sin ruido ni tempestad, de suerte que todos se mojaban, sin que una sola gota cayera en la anda de la Virgen del Rosario. Esta agua ablandó la tierra, motivando a que todos los tubérculos y hortalizas renacieran a la vida natural, recibiendo la lluvia por más de quince días. De esta manera desapareció la sequía, y el espacio celestial hermoseábase con arco-iris.

Al margen de todo lo dicho y escrito, repetimos lo dicho a un comienzo en el hecho de que el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, Pío V, fue el que instituyó la fiesta de la Virgen del Rosario en fecha 7 de octubre, en conmemoración de la famosa Batalla de Lepanto ocurrida en 1571 en una victoria naval de don Juan de Austria contra los turcos, donde el soldado Miguel de Cervantes Saavedra, fue herido en el brazo izquierdo, motivando a que este príncipe de las letras castellanas quedara manco y los historiadores le llamasen como “El Manco de Lepanto”.

 

*Presidente de la Sociedad

Geográfica y de Historia “Potosí”

 

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