Martes, 17 de septiembre de 2013
 

EDITORIAL

La bandera y el escudo de Potosí

La bandera y el escudo de Potosí

Tomando en cuenta que nuestro primer compromiso es con la verdad, en el editorial de ayer admitimos que “tanto la bandera como el escudo potosinos están entre los más realistas de Bolivia porque contienen mayoritarios elementos hispanos”.
Urgidos, al parecer, de argumentos para insistir en un posible futuro cambio de esos emblemas, algunos asambleístas utilizaron lo publicado para señalar que este diario justifica esa intención. Nada más falso. En el mismo editorial dijimos, más adelante, que “hace mucho que esos símbolos han dejado de representar colonización”.
Por ello, y por la importancia que le adjudicamos a este tema, insistimos en que no existen argumentos ideológicos, culturales ni históricos para propender al cambio de nuestros símbolos departamentales.
Sí. La bandera y el escudo de Potosí son realistas porque fueron provistos por autoridades españolas durante el coloniaje, el periodo de nuestra historia en el que esta ciudad fue prácticamente el centro del mundo.
Si admitimos la versión del historiador Walter Zavala, hay que tomar como válido que la bandera tiene origen en la que fue bordada por la mismísima reina Isabel la Católica para la conquista de Granada en el emblemático año de 1942. Convertida en símbolo del triunfo sobre los moros, llegó a América con la expedición de Colón y estuvo en México, Costa Rica, Honduras y Colombia antes de llegar al Perú en manos de Gonzalo Pizarro que la llevó hasta Porco.
El escudo también tiene origen real. El primero fue conferido por el mismísimo Carlos V, que gobernó España con el nombre de Carlos I, el 28 de enero de 1547, y el segundo por Felipe II el 1 de agosto de 1565. El tercer y definitivo escudo es más bien virreinal porque lo expidió Francisco de Toledo el 2 de agosto de 1575.
Pero aunque el origen de ambos símbolos es riquísimo en historia, lo que cierto es que, con el paso de los años, estos se perdieron o estuvieron sujetos a coyunturas siempre disímiles. La bandera, por ejemplo, se perdió como símbolo regional y sólo reaparece cuando el propio Fernando VII prohíbe que se lo utilice, ya en plena Guerra de la Independencia. El escudo también se perdió y fuen necesaria una comisión, encabezada por Benjamín Zambrana y Rufino Darío Calderón, para sacarlo del olvido poco antes de las celebraciones por el cuarto centenario de la ciudad.
Por tanto, ambos símbolos perdieron su esencia realista y, aunque la llevan en sus orígenes, resurgieron como íconos representativos de Potosí y su acendrada rebeldía. El caso de la bandera es el más incuestionable: restacada en 1940, cuando esta región se rebeló contra el gobierno de Enrique Peñaranda y proclamó el federalismo, fue enarbolada en los ya célebres 19 días y se convirtió en la expresión del disconformismo contra el gobierno de Evo Morales.
Quizás sea la representatividad que adquirió frente al actual Gobierno la que motiva a los asambleístas del MAS a intentar cambiar la bandera con el pobre e insostenible argumento de que las provincias no se sienten representadas por ella.
Si no es así, tendrá ocasión de probarlo a la hora de analizar el anteproyecto del Estatuto Departamental en las sesiones plenarias. Estaremos ahí para reportar lo que ocurra y dejarlo estampado en la riquísima historia potosina.